Si yo expongo mi vulnerabilidad, a partir de ese momento no solo estoy libre de cualquier reproche o recriminación por su parte hacia mi carencia o defecto, sino que, además, soy percibido como un hombre valiente y congruente sin el peso de tener que ocultar algo incómodo.
Antes de partir los jefes debieron firmar un nuevo tratado que daba comienzo con las palabras: A partir de hoy toda guerra entre las partes firmantes cesará para siempre Lo firmaron: Barboncito, Armijo, Delgadito, Manuelito, Herrero Grande y siete jefes más