El pasado es una especie de lámpara puesta a la entrada del porvenir para disipar una parte de las tinieblas que lo envuelven.
Actitudes, tensiones y pretensiones sociales que aparecen como productos exclusivos de la contemporaneidad, sometidos a análisis, no tardan en descubrir sus raíces en nuestro pasado y en revelar sus proyecciones en el porvenir