Aunque no existiera el divorcio, el matrimonio siempre acaba mal: uno de los cónyuges muere. Incluso, más tarde, también muere el otro
Y es que la seguridad de ser queridos despoja a las relaciones entre cónyuges de un posible carácter pasional. Porque en el amor habita una gran capacidad de ilusión, pero también de olvido.
El matrimonio es una costumbre a ultranza, antes del cual los esposos piden la bendición de Dios, porque amarse para siempre es la más temeraria de las empresas
El matrimonio es un combate a ultranza, antes del cual los esposos piden la bendición de Dios, porque amarse para siempre es la más temeraria de las empresas.
Todos estos desposados con la filosofía tienen oculta su aspiración, que no es sino morir y estar muertos.
El casamiento y el caldo pelando.
El amor es un juego; el casamiento un negocio.
Un corazón herido cae sumiso sobre una flor más bella que el paraíso, las nupcias de dos bocas, toda una vida que la llama invisible muere encendida.
Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
Sostengo, pues, que los mortales que no conocen el himeneo ni las dulzuras de la paternidad, son más felices que los que tienen hijos.