El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos:
La Falange me gusta bastante poco y rechazo de plano cualquier cosa que pueda plantear, pero la Constitución y el derecho de manifestación están por encima de que a mi me guste o no me guste la ideología de los convocantes, que no me gusta absolutamente nada.
Nunca se debe mirar a una persona que duerme. Es como sí abriéramos una carta que no ha sido dirigida a nosotros.
Nunca jamás una carta a nadie, un mensaje, un retrato, ni la más leve esperanza. Siempre, a través de los años, el mismo silencio, la misma espera sin fin. Tan sólo aquel airoso caballo negro y aquella alegre yegua blanca que, al caer la tarde, solían mirar el castillo desde un promontorio, para enseguida escapar muy junto galopando como alma que lleva el diablo y sacudiendo sin cesar las crines.