Dejo la casa donde nací, dejo la aldea que conozco, por un mundo que no he visto. Dejo amigos por extraños, dejo la ribera por el mar, dejo en fin cuanto quiero bien... ¡Quién pudiera no dejar!
Y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí! El loco berretín que tengo para vos: ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a desvelarte el corazón.
Un optimista es un ser normal que intenta mirar, al margen de las ideologías y de sus propias convicciones, lo que está ocurriendo en la realidad.
La experiencia demuestra que un mismo motivo, al margen de las diferencias accidentales de disposición, actúa de manera diferente en diferentes personas.
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo
Aquí estás, ombú gigante a la orilla del camino, indicando al peregrino no siga más adelante en la llanura sin fin. (...) Ese destino te espera, árbol, cuya vista asombra, que al caminante das sombra sin dar al rancho madera, ni al fuego una astilla dar; recorrerás el desierto cual mensajero de vida, y, tu misión concluida, caerás cual cadáver yerto bajo el pino secular.
El día de la despedida, desde esta playa de mi vida, te hice una promesa; volverte a ver así, más de cincuenta veranos hace hoy que no nos vemos, ni tú ni el mar ni el cielo, ni quien me trajo a ti
¿Puede dar un consejo a un viajero? - Sí. Que se consiga una casa en la playa. (...) - ¿Algún otro consejo? -preguntó Arthur, ¿Que no tenga que ver con bienes raíces? -Una casa en la playa es algo más que eso. Es un bien espiritual - aseguró el anciano, volviéndose para mirar a Arthur.
La rebelión fue, no obstante, finalmente sofocada, pero esto quizás sólo fue posible gracias a la incondicional lealtad de los infantes de marina y a la reasunción voluntaria de esa lealtad de parte de sectores influyentes de la tripulación.
La consejera de Sanidad catalana marina Geli es una guarra, una puerca, una zorra repugnante.