Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!
Si uno dice todo el tiempo ¡maldición!, así es difícil animarse y salir de la crisis
Me levanto un día normal y quiero salir a comer con mi novia. Luego alguien se queda mirándome por un rato, se me acerca y me pide por un autógrafo. Está bien lo hago, pero en el fondo pienso que quiero estar tranquilo, con mi novia y sin que nadie invada mi espacio. No quiero sonar pretencioso, pero eso me sucede mucho.
¿Es tan bueno vuestro dinero? ¿Comprará vuestro perdón? ¿Creéis que lo hará? Me parece que descubriréis cuando vuestra muerte cobre su peaje, que todo el dinero que hicisteis nunca podrá salvar vuestra alma.
Y ahora márchese a esas televisiones de extrema derecha y dígales que la policía española, la Guardia Civil, la Ertzaintza y la policía francesa han ido al juez a mentir para salvar la cara a este Gobierno y a este ministro.
Un hombre no es un hacha. No es una condenada herramienta que corta, tala y destroza todo el día. Las cosas le llegan. Hay cosas que no puede desprender porque las lleva dentro.
Recuerdo que el amor era una blanda furia no expresable en palabras. Y mismamente recuerdo que el amor era una fiera lentísima: mordía con sus colmillos de azúcar y endulzaba el muñón al desprender el brazo. Eso sí lo recuerdo.
Si los veintitantos que esta vez han conseguido escabullirse sienten en los próximos tiempos el acoso no solo del GAL, sino también de la Gendarmería, va a ser muy difícil seguir planeando atentados al otro lado de la frontera. Por fin los hechos demuestran que hay alternativas eficaces a la frustrante exhortación a la paciencia que era endémica en nuestra clase política. 15 de enero de 1984
El público, la mayoría de las veces, perdona los errores, pero no va a perdonar el tratar de escabullirse de uno
Quien ahorra gana. Yo podría ayudarle a ahorrar dinero y problemas.
Estoy seguro de que incluso en la cámara de gas, cuando el fluido letal los estuviera ahogando y convirtiendo en terror la esperanza de sus corazones, el viejo doctor les susurraría en un último esfuerzo que todo estaba bien y que todo iba a salir bien, para ahorrar a sus pupilos, al menos, el miedo ante el paso de la vida a la muerte.