Con las palabras y los gestos, el querido Juan Pablo II no se cansó de advertir al mundo que si el hombre se deja abrazar por Cristo, no menoscaba la riqueza de su humanidad; si se adhiere a él con todo su corazón, no le falta nada. Al contrario, el encuentro con Cristo hace nuestra vida más apasionante.
La prensa estaba protegida para que pudiera poner al descubierto los secretos del gobierno e informar al pueblo. Solo si la prensa es libre y tiene capacidad ilimitada de acción, será eficaz para revelar el engaño gubernamental. Y entre las responsabilidades esenciales de una prensa libre se cuenta el deber de advertir a cualquier sector del gobierno que no debe engañar a la gente.