Uno pica una cebolla y se pone a llorar; tráigame usted una hortaliza que me haga reír.
¡Camina, venga, no mires hacia atrás ni hacia adelante; pica piedras como un peón, con la cabeza gacha, latiéndote el corazón siempre, siempre!
Realmente disfruté, caminando a través del Vaticano con mi vara diciendo 'Un día todo esto podría ser mío'.
Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.