Ahora me concentro en la riqueza espiritual, y estoy más ocupado, y soy más entusiasta y más alegre de lo que nunca haya estado
Ámese al hombre entusiasta y desinteresado.
Soy apasionado en mis reacciones, en mis arrebatos. A veces me levanto con el pie izquierdo
Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego. ¿Fuego sólo? ¿No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?
¿Debo esconderme ante ti de mi admiración sucesiva por las religiones diversas de los países que he recorrido? Sí, me he sentido pagano en Grecia, musulmán en Egipto, panteísta en medio de los drusos y devoto sobre los mares de los astros-dioses de la Caldea; pero en Constantinopla comprendí la grandeza de esa tolerancia universal que ejercen hoy los turcos.
Dios, que es inmanente, se compadece en su gracia del devoto y se le manifiesta en concordancia con su grado de evolución.
He aquí la prueba de que todo en ti es orgullo. Ahora que has reconquistado el permiso de telefonearle y escribirle, no sólo no lo haces, sino que siquiera sientes la necesidad ardiente de hacerlo.
¡Oh ruiseñor! Tú eres de ardiente corazón: tus notas nos penetran, nos penetran, tumultuosa, indómita armonía. Cantas como si el dios del vino te dictara un mensaje de sátira amorosa: una canción de burla y de desprecio a la sombra, al rocío y a la noche callada y a la ventura firme y a todos los amores que descansan en esos tranquilos bosquecillos.
Si. Mis ojos tus ojos rechazan el lenguaje más férvido es mudo...Es inútil, evita el saludo, pues tus manos, tus manos me abrazan.
Dios asume cualquier forma imaginada por el devoto a través de la repetición de pensamientos en una meditación prolongada. A pesar de que así asume infinitos nombres, sólo la conciencia sin forma alguna es Dios.
¿Debo esconderme ante ti de mi admiración sucesiva por las religiones diversas de los países que he recorrido? Sí, me he sentido pagano en Grecia, musulmán en Egipto, panteísta en medio de los drusos y devoto sobre los mares de los astros-dioses de la Caldea; pero en Constantinopla comprendí la grandeza de esa tolerancia universal que ejercen hoy los turcos.
Si. Mis ojos tus ojos rechazan el lenguaje más férvido es mudo...Es inútil, evita el saludo, pues tus manos, tus manos me abrazan.