En uno de los extremos del pueblo, de casas bajitas, un perro se quejaba del frío y de la soledad, y, levantando el hocico hacia su dios, le daba su elocuente opinión sobre el mundo tal como él lo veía.
No importa lo elocuente que ladre un perro; nunca podrá decirte que sus padres fueron pobres pero no honestos