Vivo en el país más rico del mundo, cuya única materia prima es el dinero de los demás.
La belleza debe parecerlo; es la emoción que mejor le sienta a su semblante. Botticelli lo sabía cuando la pintó surgiendo de las olas entre los vientos y las flores. La belleza, que no parece sorprendida, que acepta su condición como algo que se le debe, nos recuerda demasiado a una prima donna.
El perezoso pide por poco trabajo gran estipendio