Existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar el número de obras maestras.
La capacidad inventiva de la gente de mundo para multiplicar las calamidades es inagotablemente fértil en recursos.
Es lo que sé de la crueldad de la paciencia. No hay paciencia más terrible que la paciencia de las trastornadas. He visto a dementes afanarse en tareas interminables: trasvasar arena de una taza perforada a otra, contar las puntadas de un vestido raído o las motas en un rayo de sol, rellenar con las sumas resultantes libros invisibles de contabilidad.
¿Vale la pena afanarse durante veinte años para llegar a la duda, que crece por sí misma en todas las cabezas inteligentes?
Esto no es un partido entre el Real Madrid y el Barcelona y por lo tanto con componentes de adscripción más o menos apasionada a determinados colores, sino que es un partido entre lo que pueda interesar a los consumidores de servicios tan esenciales como pueden ser el gas o la electricidad y los intereses legítimos de empresas muy importantes que están presentes en todo el mundo.
El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad.
Lo enormemente doloroso del trabajo manual es que se está obligado a esforzarse durante largas horas simplemente para existir. El esclavo es aquél al que no se le propone bien alguno cómo objeto de sus fatigas, sino la mera existencia.
Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar.