-¿Por qué y cómo ha llegado usted a tener veinte hijos en su matrimonio? :-Amo a mi marido. :-A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca.
Una serpiente trazó un vértice para el sol -en no holladas playas sacó su lengua y tamborileó. ¿Qué fuente escuche? ¿Qué helados discursos? La memoria, confiada a la página, se había muerto.
La dicha es justamente lo que saca al dichoso de la concatenación de los destinos y de la misma red de su destino.
Al público no hay que dárselo todo masticado, como si fuera tonto. A diferencia de otros directores que dicen que dos y dos son cuatro, Lubitsch dice dos y dos...Y eso es todo. El público saca sus propias conclusiones.