Nunca los hombres concilian sus opiniones. A lo más que llegan es a soñar la realidad o a vivir el ideal. Y la diferencia del apetito subsiste. Pero el hombre de estas tierras debe ser más exigente y más humano; debe querer la mejor realidad; la posible, la que madura y crece en sus manos. Esto será como vivir el ideal de la realidad.
Lo que para el común de los mortales sería suficiente, para nosotros no. Somos un club exigente y nos sentimos orgullosos de eso. Nuestra cultura es ganar y nada más