Nunca los hombres concilian sus opiniones. A lo más que llegan es a soñar la realidad o a vivir el ideal. Y la diferencia del apetito subsiste. Pero el hombre de estas tierras debe ser más exigente y más humano; debe querer la mejor realidad; la posible, la que madura y crece en sus manos. Esto será como vivir el ideal de la realidad.
La educación consiste en tomar a un niño de la mano para sacarlo de sí mismo y abrirle los ojos a que todo ser humano es algo excepcional, darle las claves de las ciencias y hacer de él alguien exigente par sí mismo y los demás.