Siempre fuimos fieles a causas perdidas, dijo el profesor. El éxito para nosotros es la muerte del intelecto y de la imaginación. Nunca fuimos fieles a los triunfadores. Les servimos. Yo enseño la gárrula lengua latina. Hablo el idioma de una raza que tiene como el súmmum de su mentalidad la máxima: el tiempo es dinero.
Estar celoso es el súmmum del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.
Al que se ve colmado de conveniencias, las ajenas desgracias poco le inquietan; porque es muy cierto que el harto no se acuerda del que está hambriento.
Nos hablan de paz enseñándonos un arma, nos dan libertad pero nos dicen cuándo usarla, harto de tanta charla, de palabras vacías, harto de esta democracia rancia sin eficacia.
El verdadero poeta tiene palabras que muestran sus pensamientos, pensamientos que dejan ver su alma, y un alma en la que todo se pinta de manera distinta. Su espíritu está colmado de imágenes muy claras, mientras que el nuestro sólo está lleno de señales confusas.
Me apetecería mucho ver el palacio subterráneo, lleno de objetos interesantes para gente de nuestra condición; nada me complace más que las cavernas; tengo un gusto decidido por los cadáveres y las momias, y apuesto a que encontrarás la quintaesencia de este género.
Llamamos, pues, cielo en un sentido a la entidad del orbe extremo del universo, o al cuerpo natural que se halla en el orbe extremo del universo: solemos, en efecto, llamar cielo a la extremidad del universo y a lo más alto, donde decimos también que reside toda divinidad.
Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.