Cazo porque, mientras mate o vea matar, no me mataré a mí mismo.
Por el mate se absorben casi todas las medicinas silvestres. Mediante el mate se enamora, se mata y se embruja.
El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado.
En mi pecho reclina tu cabeza galana; júrame dulces cosas que olvidarás mañana y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.