La única arma pacífica de un vendedor ordinario es la adulación.
El hombre ordinario sólo se cuida de pasar el tiempo; el hombre de talento, de emplearlo.
El libertino más ramplón ha soñado alguna vez con sultanas, y todos los notarios llevan dentro de sí las ruinas de un poeta
El rico se ríe con el bufón, y el bufón se ríe del rico, porque hace caso de los que lisonjea
Este grave filósofo sabe bien que la vida es una despreciable farsa; pero este bufón no duda de encontrar en ella una grandiosa aventura.
Peca de grosero quien aguarda que le digan que se vaya.
La política en una obra literaria es algo así como un tiro de pistola en medio de un concierto, algo grosero y a lo que no podemos, sin embargo, dejar de prestar atención.