Las más terribles desgracias de la humanidad se debieron siempre al despotismo individual, nuestro más crueles infortunios tuvieron también el mismo origen.
Solamente dependo de la muerte, ya que discurso no hay ni diligencia que de su despotismo nos liberte. Más la espero sin miedo y con paciencia, vivo sin desearla; y de esta suerte, amigo, se acabó la dependencia.