La revolución es una obra política. Es una realización concreta. Lejos de las muchedumbres que la hacen, nadie puede servirla eficaz y válidamente. La labor revolucionaria no puede ser aislada, individual, dispersa. Los intelectuales de verdadera filiación revolucionaria no tienen más remedio que aceptar un puesto en una acción colectiva.
Mi labor ha consistido en extraer lo vivo de lo que se cree muerto, escarbando en conocimientos genéticos, pre filosóficos, inherentes a la memoria de las culturas.