¿Preguntadme el por qué de este quebranto? Responderlo no sé...Tal vez sería sólo porque os miré, dulce señora.
Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les eneseña un cúmulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce plática de amor, el evangelio bárbaro del odio.
Su piel, puesta a punto de caramelo por efecto de los rayos de sol, suscitaba deseos de morder.
En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar.
Debemos pensar que el enfermo es un hombre que es también un padre de familia, un individuo que trabaja y que sufre; y que todas esas circunstancias influyen, a veces, mucho más que una determinada cantidad de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina.