¿Para qué hemos de vivir, siempre tristes, mendigos y esclavos? ¿Para qué vivimos, Bayaceto, y para qué construimos antes nidos tan altos, si hemos de vivir largamente en esta opresión donde todos nos ven y escarnecen los antiguos triunfos de nuestro poder, ahora reducidos a esta obscura e infernal servidumbre?
Con la curiosidad viene la preocupación, y con la preocupación viene el deseo de corregir los males de la opresión y revertir la ola de pobreza en todo el mundo.
Los casos en que la libertad de las personas se coarta por medio del acoso gradual y secreto de quienes están en el poder son mucho más numerosos que los producidos mediante usurpaciones repentinas y violentas.
Si los veintitantos que esta vez han conseguido escabullirse sienten en los próximos tiempos el acoso no solo del GAL, sino también de la Gendarmería, va a ser muy difícil seguir planeando atentados al otro lado de la frontera. Por fin los hechos demuestran que hay alternativas eficaces a la frustrante exhortación a la paciencia que era endémica en nuestra clase política. 15 de enero de 1984