Siempre es grato elevar nuestro pensamiento a los días de la infancia, esa edad de ilusiones color de rosa, en que libres de toda zozobra sobre el mañana, creemos que el mundo no se extiende más allá de nuestros juguetes y del espacio que abarcan nuestros ojos.
Acumular riquezas proporciona gran zozobra
La serenidad es el gran y verdadero antídoto contra la angustia y el temor, y hoy, la habitación del hombre debe propiciarla. En mis proyectos y en mis obras no ha sido otro mi constante afán, pero hay que cuidar que no la ahuyente una indiscriminada paleta de colores. Al arquitecto le toca anunciar en su obra el evangelio de la serenidad.
En la lucha, las horas de hastío y de angustia pasan rápido, inadvertidas.
Fuiste por amor criada hermosa, bella, y ansía en mis entrañas pintada, si te pierdes, mi amada, alma, buscarte has en mí.
Si a la bella se suma la discreta, y nuestra vista bebe su dulzura colmando el corazón de ansia secreta, del amor al asedio que perdura pidiendo estadio la beldad nos reta como bravo adalid en su armadura
Lo característico de la vida actual no es la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza.
Lo característico de la vida actual no son la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza.
La sociedad hipermoderna se presenta como una sociedad en la que el tiempo se vive de manera creciente como una preocupación fundamental, en la que se ejerce y se generaliza una presión temporal en aumento.
Por el contrario, mi preocupación constante era el contenido, mi sueño constante era que el poema contuviera algo, un pensamiento nuevo o un cuadro nuevo; que fuera traspasado al libro con todas sus particularidades, que hablara, al correr de las páginas, con su silencio y con todos los colores de sus letras negras e incoloras.
Tras la lucha que rinde y la incertidumbre amarga del viajero que errante no sabe dónde dormirá mañana, en sus lares primitivos halla un breve descanso mi alma
En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos.
Avanzaba sin hacer ruido, en la medida que su impaciencia se lo permitía, aunque se detenía a menudo y aguzaba el oído para saber si la seguían. En uno de esos momentos pensó oír un suspiro. La sacudió un temblor y retrocedió unos pocos pasos. Creyó oír andar a alguien. Se le heló la sangre, pues dedujo que se trataba de Manfredo.
La impaciencia de la edad es algo que la juventud no entiende.
La leve tribulación de un momento nos produce un pesado caudal de gloria eterna.
No hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea rey o papa
Los sentimientos de nuestro corazón, la agitación de nuestras pasiones, la intensidad de nuestros sentimientos debilitan sus conclusiones y reducen al filósofo profundo a un mero plebeyo.
Mis sueños no son más que un símbolo de la liberación de mi terrible sufrimiento, no del amor o los seres amados. Son producto de una agitación pasajera, no de un sentimiento permanente.
Corazón aquietado como el alma en silencio; oigo apenas el ruido muy lejano del mundo como un eco remoto que se ahogó en la distancia y que traen los vientos al oído inseguro.
El beso del amor ahogó la voz de la razón.