Nada nuevo hay en la crónica de la ciudad que llame la atención...
Poco a poco nos acostumbramos a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos y convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos.
La cronología de la infancia no esta hecha de líneas sino de sobresaltos.
Sufro esa clásica desventura: haber querido apoderarme de esos documentos para descifrar en ellos la certidumbre de una vida y descubrir que son los documentos los que se han apoderado de mí y me han impuesto sus ritmos y su cronología y su verdad particular.
En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.
Un acto sexual se considera apropiado cuando las parejas utilizan los órganos definidos para la relación sexual y nada más. La homosexualidad, ya sea entre hombres o entre mujeres, no es inapropiada en sí misma. Lo que es inapropiado es el uso de órganos que ya han sido definidos como inapropiados para el contacto sexual.
Si mis escritos, en general, han sido útiles para mis contemporáneos, espero que estas memorias no caigan en saco rato para los que puedan venir detrás de mí, y especialmente en cuanto a la promoción de la virtud y la piedad, que, espero que yo pueda decirlo, he procurado practicar, y he tratado de inculcar a los demás
De las memorias de la Eternidad: Sólo uno vivió del Principio al Fin del Mundo: el Miedo.
Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños
El ser humano tiene siempre la posibilidad de aportar cosas diferentes. Ningún joven y no tan joven se tiene que preocupar de que todo está hecho, porque mientras haya un ser humano con un creyón en la mano y trace una línea ya va a poder decir algo enteramente nuevo y diferente a todo lo que se dijo en la historia del arte.
Es mejor que guarde para sí cuanto ha visto de la vida y de la muerte. Es mejor que no escriba ninguna memoria y que deje a los muertos en paz y a los vivos con sus ilusiones. Alguien ha llamado a La historia de San Michele una historia de la muerte. Quizá tenga razón, porque rara vez la muerte abandona mi pensamiento.
El gusto aumenta la memoria; existe la memoria del gusto: nos acordamos de lo que nos ha gustado. Existe también la de la imaginación: nos acordamos de lo que nos ha encantado.
El torreón y la torre todavía se miran, después de tantos siglos, y parece que se cuentan, por encima de las verdes florestas o de los bosques muertos, las más antiguas leyendas de la historia de Francia.
Sea como fuese. Volver atrás es imposible. Mi reloj va siempre hacia adelante. La historia también.
Hay que explicarle a la gente por qué ocurre esto (el desabastecimiento). Nunca antes la gente tuvo un poder de compra y resulta que las industrias no estuvieron en relación con la entrega de sus productos respecto de la demanda de ella
Periodista pregunta (en relación al sistema de alianzas): -¿Y con Lilita Carrió qué va a hacer? -Nada. ¿Qué quiere? ¿Que me la suba a cococho?... Me voy a romper los ligamentos cruzados de vuelta.
La última fase de una figura histórica mundial suele ser cómica. La historia sigue este camino para que la humanidad pueda despedirse alegremente de su pasado
Nosotros a ningún maketo, a ningún españolista odiamos tanto como al español o españolista que, conociendo de alguna manera la historia de Vizcaya (Bizkaia), se la da falseada, adulterada y españolizada al pueblo vizcaíno, para servirse de él en provecho de algún partido español.
La historia nos obliga a pensar mal, por triste experiencia, de la especie humana, cuando nos enseña con qué rigurosa proporción las consideraciones, la honra, los bienes y la felicidad de una clase dependieron siempre de su poder para defenderse e imponerse.
Las leyes supresoras tienden a fortalecer lo que prohíben. Este es el punto preciso sobre el cual todos los legalistas de nuestra historia han basado su seguridad en el trabajo.