Estaba en un campamento juvenil del partido a orillas del río Rímac. No me separaba ni cinco metros de este semidios y me sentía como en la Capilla Sixtina. Era imponente, un vasco antiguo, blanco y con barba, con una enorme cabeza que para mí sólo podía ser sinónimo de una maciza inteligencia
¡Cataluña y el País vasco, el País vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos!
Muchos son los eusquerianos que no saben euskera. Malo es esto. Son varios los que lo saben. Esto es peor. Gran daño hacen a la patria cien maketos que no saben euskera. Mayor es el que le hace un solo maketo que lo sepa. Para el corazón de la Patria, cada vasco que no sabe euskera es una espina; dos espinas cada vasco que lo sabe y no es patriota; tres espinas cada español que habla euskera.
Dentro de unos años, todos hablaremos castellano pensando que lo estamos haciendo en euskera