Gran alegría, sobre todo después de un repentino cambio de las circunstancias, tiende a ser en silencio, y habita en el corazón y no en la lengua.
El corazón respira apenas ante el milagro repentino de tu presencia. Los ojos quisieran guardar para siempre el color de incendio de tus ojos, el resplandor de tu mirada, el exacto volumen de tu cuerpo, y devorarte y envolverte y guardarte ajeno a todas las miradas.
Si no se espera, no se da con lo inesperado
Lo inevitable rara vez sucede, es lo inesperado lo que suele ocurrir
El dolor es una mal que un remedio precipitado irrita.
La inteligencia es el precipitado de la pasión.