Llegando a ser anarquistas, le declaramos la guerra al amontonamiento de mentiras, astucia, explotación, depravación, vicio. La declaramos a esa manera de pensar, obrar. El gobernado, el engañado, el explotado, la prostituta lastiman, ante todo, nuestros sentimientos de igualdad. En nombre de esa igualdad, no queremos ni prostitutas, ni explotados, ni engañados, ni gobernados
El arte de gobernar una nación exige el mayor cumulo de conocimientos y excelsas calidades de la inteligencia, afianzadas sobre dotes singulares de dignidad y desprendimiento.
Habréis multiplicado los bribones de la nación, habréis hecho pérfidas a las esposas, calumniadores a los lacayos, desgraciados a los hijos, habréis duplicado el cúmulo de los vicios y no habréis conseguido que floresca una sola virtud.