Un Estado próspero honra a los dioses.
Ahora a Gardel en vez de escucharlo, lo analizan. Es un disparate pedirle conciencia de clase, como es un disparate pedirle conciencia de clase a Cassius Clay o a Bonavena. El es un mito. Como Rockefeller, con la diferencia que éste no fue un cantor de éxito, que empezó de abajo, prosperó y se adaptó a su público. A un hombre que canta bien no se le pregunta si traiciona o no a su clase.
La sociedad hipermoderna se presenta como una sociedad en la que el tiempo se vive de manera creciente como una preocupación fundamental, en la que se ejerce y se generaliza una presión temporal en aumento.
No hay garantía de que la alta tecnología y la riqueza nos vayan a traer la felicidad. Pero traen dos importantes cosas: seguridad creciente y mayor capacidad de elección.
El vigor del capitalismo tiene su debilidad incorporada. Porque le capitalismo es codicia. Lo que lo hace vigoroso es que hay creatividad mezclada con la codicia. Parece estar demostrado que el capitalismo logra mayor creatividad que el socialismo. Sin embargo, lo hace a un costo previsible, que es que la codicia se vuelve primordial.
Cuando un amigo se casa todo termina, porque el cariño celoso de la mujer no tolera el afecto vigoroso y franco que existe entre dos hombres.
No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.
Que un centenar de flores florezcan y un centenar de escuelas de pensamiento contiendan es la política para promover el progreso de las artes y las ciencias y una cultura floreciente en nuestro país.
[Un científico tendrá] Temperamento enérgico dispuesto a resolver un problema; aplicación en las tareas y una fortaleza que lo mantiene erguido ante muchas cosas que podrán haberlo tumbado; y ante todo, perseverancia, un terco rechazo a desistir y a admitir la derrota.
Cuando más dura la ironía, menos enérgico tendrá que ser el modo en que se lo diga.
Nuestra democracia debe ampliarse mediante el involucramiento creciente de la ciudadanía en los asuntos públicos.
Soy un defensor convencido del gobierno local, y lo soy, precisamente, porque soy un socialista revolucionario y, por tanto, enemigo del Estado. EL municipio es el último bastión desde el cual puede oponerse el ciudadano a la firme y creciente invasión del Estado.