A los hombres se les puede dividir en dos categorías: los que hablan para decir algo, y los que dicen algo por hablar.
La buena gente hace un daño enorme. Y por supuesto, el peor daño es conceder tanta importancia a la maldad. Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o aburrida.
Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho.
Como nunca antes en la historia económica, hoy existe una vasta pirámide de opciones y pases. Cuando el cielo está sereno, esto les permite a los inversores distribuir sus riesgos eficientemente.
Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían sobre las clases dirigentes.
No es esta la hora del reproche, ni el tiempo de repartir culpas, sino de entender que una idea es capaz de cambiar el mundo, si antes demuestra ser capaz de cambiar la vida de quien la pronuncia.