Vísteme de hermosura el pensamiento, serenidad, perennemente unida al árbol de mi vida a contra viento.
No son los pensamientos más profundos los que actúan más duraderamente sobre el mundo.
No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.
Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.