La vida humana se parece a un camino cuya salida es un precipicio horroroso; nos advierten de ello desde los primeros pasos; pero el decreto está ya pronunciado: es preciso adelantar siempre sin poder retroceder.
Soy de la idea de que por haberme iniciado como periodista, voy a ser periodista hasta que me muera. Y debo decirle que para mí la decisión de dar el paso del periodismo a la literatura fue algo aterrador. ¡Cómo saltar encima de un precipicio y llegar al otro lado!
Ya hemos indicado, por otra parte, que el favorecer la irrupción de los maketos es fomentar la inmoralidad en nuestro país; porque si es cierto que las costumbres de nuestro pueblo han degenerado notablemente en ésta época, débese sin duda alguna a la espantosa invasión de los maketos, que traen consigo la blasfemia y la inmoralidad.
Tras la desconfianza en el propio criterio, viene la inmoralidad en la vida.
Querer conservar la salud siguiendo un régimen demasiado riguroso es una enfermedad irritante.
La enfermedad me humilló y me abrió los ojos. Me hizo mirar la vida de forma más objetiva. ¿Si sobrevivo en qué me quiero convertir?
La traición supone una cobardía y una depravación detestable.
Más Estados han perecido por la depravación de las costumbres que por la violación de las leyes.
El despotismo no es un sistema de gobierno, porque es la degeneración de todos los sistemas.
Mientras más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente, no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo.