Esta civilización de hombres nos ha llevado a la ruina. Y las mujeres no hemos contribuido a ella. Ninguna mujer es responsable de los últimos descubrimientos, porque una mujer no inventa ni descubre algo que mata.
El hombre cuando va a casarse quiere una mujer pura. De estreno. No de segunda mano, ¡o de quinta! Que a nadie le gusta comerse las sobras que otro dejó en el plato.
La tomaba como a un juguete; un juguete o un cerrado capullo de rosa que él hacía abrirse en cada noche de placer. doña Flor iba perdiendo la timidez, entregándose a esa fiesta lasciva con creciente violencia, transformándose en amante impulsiva y audaz.
Me llamo Bernardo Neustadt. Tengo 63 años, duermo cuatro horas. No me dejen solo. Lo dejamos ahí. ¿Qué opina doña Rosa?