La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales es tan esencial como la instrucción
En el sacerdote, como en el alienista, siempre hay algo de juez de instrucción
La multitud te da certidumbre, seguridad, a costa de tu espíritu. Te esclaviza. Te da unas directrices de cómo vivir: qué hacer, qué no hacer.