Estuvo allí algún tiempo paseando mientras contemplaba el espléndido fulgor del cielo de poniente y se decía, como en otras muchas ocasiones, que estaba en el país de los atardeceres. Había algo en aquellos radiantes abismos de fuego que le desataba la imaginación; siempre descubría imágenes y promesas en aquel cielo.
Flores rojas de ciruelo; el sol poniente ataca pinos y robles.
El deseo de desaparecer, porque las cosas desaparecen, emponzoño tan atrozmente mi sed de ser que, en medio de los resplandores del tiempo, el aliento se apagaba y el ocaso de las naturaleza me envolvía con multitud de sombras. Y como veía el tiempo en todas las cosas, esperaba salvarlas del tiempo.
En el ocaso de nuestra vida seremos juzgados en el amor
El mundo occidental y cristiano no es una cruzada de ideas sino una realidad económica, política e histórica.
No existe en el mundo occidental ninguna ceremonia capaz de conmover y elevar con semejante fuerza al ser humano. A lo largo de mi vida he gozado de las mejores expresiones del arte, en música, danza, ópera y teatro, pero nada es comparable al ritual taurino.
Yo no creo que los regímenes del mundo occidental gobiernen realmente, sino que sirven como peones al enorme poder financiero e industrial.
El mundo occidental y cristiano no es una cruzada de ideas sino una realidad económica, política e histórica.