La ambición es el excremento de la gloria.
Sobre la imagen santa se permite un excremento la golondrina.
Necesitaba consolarme. A menudo acudía a unas veladas que tenía lugar en casa de un viejo amigo aun sabiendo que sólo me dejaban las heces de una charla vacía y un regusto amargo.
Las heces amargas de la fortuna se pierden en el drenaje.