Para concebir una perfección se requiere cierto nivel ético y es indispensable alguna educación intelectual.
Vivir cerca de personas cuya condición representa un reproche ético permanente es una fuente de incomodidad incluso para los ricos.
El puritano no se detiene a pensar; él reconoce a Dios en su alma, y actúa.
Un puritano es alguien que está mortalmente temeroso de que alguien en alguna parte se lo esté pasando bien.