Ellos viven en ciudades. Viven en el ajetreo de la rutina laboral, la locura de trasladarse al trabajo. La locura en el trabajo. La locura de volver del trabajo. El tráfico. La congestión. Están atrapados en eso. Yo me he librado.
Entre lo que deseamos vivir y el intrascendente ajetreo en que sucede la mayor parte de la vida, se abre una cuña en el alma que separa al hombre de la felicidad como al exiliado de su tierra.
Entrometerse en el desatino del hombre es siempre una faena muy ingrata.
¿Ve usted aquellos hombres que descargan carbón? Yo también lo hice. Yo también descargué carbón de los barcos anclados en La Boca. Mis hombros saben cómo los encorva aquella faena prolongada bajo un sol calcinante. Eso era trabajar para poder trabajar más; me empleaba como descargador una semana para poder pintar la semana subsiguiente.
No hay ningún hombre realmente honrado; ninguno de nosotros se encuentra libre del afan de lucro.
Julio. Mi primer afán fue conocer perfectamente el ingenio, costumbres, afectos, riquezas e inclinaciones de todas las gentes y sobre todo de los príncipes: quién convenía con quién, quién tenía diferencias con quién. A continuación procuré servirme de todas esas cosas en mi propio interés.
Ellos viven en ciudades. Viven en el ajetreo de la rutina laboral, la locura de trasladarse al trabajo. La locura en el trabajo. La locura de volver del trabajo. El tráfico. La congestión. Están atrapados en eso. Yo me he librado.
Entre lo que deseamos vivir y el intrascendente ajetreo en que sucede la mayor parte de la vida, se abre una cuña en el alma que separa al hombre de la felicidad como al exiliado de su tierra.
El hecho de que todas las moléculas de todos los seres vivos tengan exactamente el mismo tipo de giro es probablemente la demostración más profunda de la uniformidad de los orígenes de la vida.
Y yo respiro, y ando, y caigo, y giro y vuelvo a ver los árboles sedientos y los pájaros disparados en la embriaguez de la música del viento y estoy inmóvil y absorto y maravillado de un día más en el pecho ardiendo.
La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella.
La América es ingobernable...el que sirve a una revolución ara en el mar
¿Quién sería lo bastante insensato para morir sin haber dado al menos la vuelta a su cárcel?
Pero ¿cómo es posible alejarse de algo y regresar al mismo tiempo? Resulta fácil. Piensa en alguien que da la vuelta al mundo: parte alejándose de un lugar y al final regresa a él. Entonces, éste es un mundo pequeño apuntó Coraline. Para ella es suficiente afirmó el gato. Las telarañas simplemente deben tener el tamaño adecuado para atrapar moscas.
Como la herida era en el pecho, le apliqué el torniquete en el cuello