Es patético que no podamos vivir con las cosas que no entendemos. Que necesitemos que todo esté etiquetado, explicado y deconstruido. Aunque sea del todo inexplicable. Aunque sea Dios.
Lo patético y trágico en la suerte de este Odiseo no era para nostros lo que había sufrido, sino lo que aún le esperaba y a cuyo encuentro iba a pesar de todo con enteraza y sin ilusiones.