9Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; 10 venga tu reino; hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra; 11 el pan nuestro de cada día dánosle hoy, 12 y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, 13 y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos de mal.
En cuanto empecé a caer en la cuenta de la pérdida que había sufrido, comencé a entristecerme sobremanera; entonces me dirigí a una imagen de Nuestra Señora y le rogué con muchas lágrimas que me tomase por hija suya.
Un rey no debe caer nunca de su trono, excepto cuando el trono cae.
Cumplid con vuestro deber y seréis dignos; defended vuestro derecho y seréis fuertes, y sacrificaos si fuere necesario, que después la patria se alzará satisfecha sobre un pedestal inconmovible y dejará caer sobre vuestra tumba un puñado de rosas