¡Ay, corazón, cómo has mentido a un caballo que no se cansa de los vientos! Ve despacio para que completemos este último abrazo y nos prosternemos. Ve despacio... despacio, para que sepa si eres mi corazón o su voz cuando ella grita: tómame.
Siembra el paisano la vida plantando trigos tempranos y aunque el caballo esté sano lo cuida de la garganta que aunque el caballo no canta, lo ha de tener siempre a mano.