Hay que sugerir un lazo con el inconsciente que se une al consciente, porque sin inconsciente, sin la experiencia emocional, sin la experiencia de nuestros sentidos toda abstracción intelectual no es más que polvo.
No pretendo sugerir que las diferencias científicas deberían ser resueltas por sufragio universal, pero yo sólo concibo que las demostraciones sólidas deben basarse en algo más que en afirmaciones vacías y sin fundamento
...tiene que beber arena el que no bebe agua nunca.
Es el hombre de ciencia, ansioso de que cada una de sus opiniones se regenere, cada una de sus ideas se racionalice, por beber en la fuente de la realidad, y dedicar todas las energías de su vida al culto de la verdad, no como él la entiende, sino como todavía no la entiende, lo que propiamente debería llamarse un filósofo
La experiencia amorosa une indisolublemente lo simbólico (lo prohibido, discernible, pensable), lo imaginario (lo que el Yo representa para sustentarse y agrandarse) y lo real (ese imposible donde los afectos aspiran a todo y donde no hay nadie que tenga en cuenta el hecho de que yo no soy más que una parte).
Toda la filosofía se basa en dos palabras: sustentarse y abstenerse.
La hipótesis es la técnica mental más importante del investigador y su función principal consiste en sugerir nuevos experimentos u observaciones.
Llamar la atención sobre la generosidad propia equivale a indicar que otros están en deuda contigo y que esperas resarcimiento. A los pueblos igualitarios les repugna sugerir siquiera que han sido tratados con generosidad.
En voluntades suele repugnantes súbitos infundir tiernos amores.
Cuando hablábamos de los intentos de infundir en el prisionero ánimo para superar su situación, decíamos que había que mostrarle algo que le hiciera pensar en el porvenir. Había que recordarle que la vida todavía le estaba esperando, que un ser humano aguardaba a que él regresara. Pero, ¿Y después de la liberación? Algunos se encontraron con que nadie les esperaba.
Toda la filosofía se basa en dos palabras: sustentarse y abstenerse.
La experiencia amorosa une indisolublemente lo simbólico (lo prohibido, discernible, pensable), lo imaginario (lo que el Yo representa para sustentarse y agrandarse) y lo real (ese imposible donde los afectos aspiran a todo y donde no hay nadie que tenga en cuenta el hecho de que yo no soy más que una parte).