A mí me ganaba por la palabra, pero si hubiéramos acabado por llegar a las manos le juro a usted por mis muertos que lo mataba antes de que me tocase un pelo. Yo me quise enfriar porque me conocía la carácter y porque de hombre a hombre no está bien reñir con una escopeta en la mano cuando el otro no la tiene.
Con demasiada frecuencia queremos que las culturas se mantengan congeladas e intactas, para poder tratar a sus países como museos exóticos que visitamos por placer; pero, ¿no deberían tener los mismos derechos que nosotros?
El amor es lo contrario de la justicia. Porque la justicia consiste en tratar a cada uno según lo que es; es decir, según su pasado, según lo que ha hecho. El amor rompe estas reglas del juego, estas reglas de orden. El amor es un factor de desorden. Es una apuesta sobre el futuro del hombre. Toda una vida puede ser subvertida por esta apuesta