Para el hombre ambicioso, el buen éxito disculpa la ilegitimidad de los medios.
Los liberales se rehúsan a condenar lo que las sociedades han condenado por miles de años: la promiscuidad, el divorcio, la ilegitimidad y la homosexualidad.
Es preciso fijar perspectivas en las que el mundo aparezca trastrocado, enajenado, mostrando sus grietas y desgarros, menesteroso y deforme en el grado en que aparece bajo la luz mesiánica. Situarse en tales perspectivas sin arbitrariedad ni violencia, desde el contacto con los objetos, sólo le es dado al pensamiento.
Así son los viejos: les complace pensar en la arbitrariedad como forma de los tiempos mejores.
Hay menos injusticia en que te roben en un bosque que en un lugar de asilo. Es más infame que te desvalijen quienes deben protegerte.
El pueblo norteamericano no es culpable de la barbarie y de la injusticia de sus gobernantes, sino que también es victima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que se confunden a veces sistema social con pueblo.