Las metodologías modernas o lógicas del descubrimiento consisten simplemente en un conjunto de reglas (quizá no rigurosamente interrelacionadas, mucho menos mecánicas) para la evaluación de teorías ya elaboradas.
El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.
Durante gran parte del pasado, el descubrimiento, la invención y la investigación se ha dejado al azar y fueron llevados a cabo más o menos aleatoriamente por la mayoría de los científicos. Este tipo de enfoque no sólo ha sido ineficiente, tanto en el uso de la mano de obra y los medios, sino que también ha dado lugar a resultados desastrosos para la humanidad, como he subrayado en otros lugares
La invención, debe admitirse humildemente, no consiste en crear desde el vació, sino desde el caos (...). La invención consiste en la capacidad de atrapar las posibilidades de un tema y en el poder de moldear y dar forma a las ideas que sugiere.
La cámara se inventó para la acción y la violencia.
El invento de la imprenta facilitó mucho el manejo de la información.
En cierta ocasión hubo que escoger rey entre los árboles. El olivo no quiso abandonar el cuidado de su aceite, ni la higuera el de sus higos, ni la viña el de su vino, ni los otros árboles el de sus respectivos frutos; el cardo, que no servía para nada, se convirtió en rey, porque tenía espinas y podía hacer daño.
Muchas veces es mejor perder la viña que pleitear por ella.
Toda comprensión intensa es finalmente la revelación de una profunda incomprehensión. Todo momento de hallar es un perderse a uno mismo.
Sucede que la escritura se comporta de forma semejante al cuadro vuelto contra el muro, al descubrir inopinadamente, tras la oscuridad, su certeza, e incluso una sorprendente revelación o correspondencia, aunque a veces, en penosa parada, el vacío de la mente impide tornar la página para poblar el lugar predestinado.
El refugio siempre lo encuentro en la soledad. Pero hablo de la soledad buena, la que escoges sabiendo que siempre hay alguien a quien recurrir. Lo que pasa es que vivimos en un mundo tan convulsionado y tan complicado que uno de los más grandes afanes que puede tener una persona, por lo menos yo, es estar tranquilo.
Soy incapaz de existir simultáneamente en dos universos espirituales: la literatura y la ciencia. Esta es mi debilidad fundamental: no puedo mantenerme a la vez despierto y en el sueño, en el juego. En cuanto hago literatura, me encuentro en otro universo; le llamo onírico porque tiene otra estructura temporal y porque mis relaciones con los personajes son de naturaleza imaginaria y no crítica.