La llave que se usa constantemente, reluce como plata: no usándola se enmohece. Lo mismo pasa con el entendimiento.
La belleza es la llave de los corazones. La coquetería es la ganzúa.
Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
El que mejor tiraba caño era el Coco Rosl. Un día fui a su casa y me tiró un caño con una tortuga.
Vienes en cuanto el dulce sueño me domina, marchas en cuanto el dulce sueño me abandona, huyes cual oveja que viera a cano lobo.