El paisaje se aclara, el sol asoma en una faja escarlata sobre la diafanidad del cielo.
Jamás de los jamases sobre nuestro suelo sagrado ha de pisar insolente la planta invasora porque nuestro orgullo lo impide porque las naves del invasor para llegar a la presa de sus designios tendrán que navegar sobre la púrpura encendida de nuestra sangre joven.
Su materia gris en blanco, un futuro negro augura, mientras la lluvia púrpura ahoga sus ilusiones