El fenómeno, admitido por todos, es éste: Que gran parte de lo que generalmente se recibe como verdad cristiana se halla, en sus rudimentos o en sus partes separadas, en filosofías y religiones paganas.
Echábamos hasta cien y más partidas en una tarde, y ello me ayudó a aprender al dedillo los rudimentos de la técnica del juego. La estrategia que empleábamos era aún muy primitiva: ambos contendientes nos arrojábamos inmediatamente con los peones adelante, al asalto de las posiciones enemigas, previo enroque de los reyes en diferentes lados.
Pregunta. ¿Quién es este elemento enemigo de Cataluña y que desnaturaliza su carácter? Respuesta. España.
Estudiar los rendimientos del racismo y de la cultura es plantearse la cuestión de su acción recíproca. Si la cultura es el conjunto de comportamientos motores y mentales nacido del encuentro del hombre con la naturaleza y con su semejante, se debe decir que el racismo es verdaderamente un elemento cultural. Hay pues culturas con racismo y culturas sin racismo.
Voy a seguir la ley dada por Dios, sancionada por el hombre. Voy a mantener a los principios recibidos por mí cuando estaba en mis cabales, y no loca como lo estoy ahora. Las leyes y los principios no sólo son para los tiempos en los que no hay tentación...Tienen un valor.
Ha mantenido dos valiosas constantes en su administración. La primera es que ha sido riguroso en la aplicación de los principios del buen gobierno. Y la segunda es que ha sido obsesivo en promover y mejorar la cultura ciudadana. Estos dos aspectos, a la larga, son tanto o más importantes que la buena gestión fiscal o la transformación física de la ciudad.
Todos, al nacer, reciben como herencia de la especie los elementos para adquirir una personalidad específica.
...la composición se disuelve, la complexión se cambia, la figura se muda, el ser se altera, la fortuna varía, permaneciendo siempre los elementos lo que son en sustancia y perseverando el principio material único (que es la verdadera sustancia de las cosas, eterna, ingenerable, incorruptible) en aquello mismo que fue siempre.
La multitud te da certidumbre, seguridad, a costa de tu espíritu. Te esclaviza. Te da unas directrices de cómo vivir: qué hacer, qué no hacer.