La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto; la mejor mentira cuesta muchos disgusto pequeños, y por fin el disgusto grande.
Cuando adviertas que alguien no te quiso bien, investiga primero qué fue lo que lo disgustó en ti. Puede que tuviera razón.
¿Cómo puede haber cansancio cuando está presente la pasión? Oh, no suspires con pesadez por la fatiga: ¡Busca la pasión, búscala, búscala!