Criticando al actual ministro de seguridad, de nombre Massei y de profesión bioquímico, Luis comentó lo inseguro que es Córboba: Y así estamos con el bioquímico, en vez de Massei, menos diez.
Hitler habla durante dos horas. Me siento abatido. ¿Qué Hitler es éste? ¿Un reaccionario? Fabulosamente torpe e inseguro (... ). Ya no creo ciegamente en él. Esto es lo terrible: he perdido el apoyo interior. Sólo soy a medias.
Cuanto más complejo se vuelve un sistema, más improbable resulta, mas cosas pueden fallar y más esfuerzo conlleva su mantenimiento.
Las fronteras de lo improbable ya han sido cruzadas simplemente por el hecho de que el mundo existe.
La verdad es que no hay nada tan engañoso como la naturaleza humana. Juzgándola solo por su apariencia, era difícil de creer que algo tan bello pudiera ser a la vez tan cruel. (...) No puede uno fiarse de las apariencias.
Y hoy, no hay mayor ignorancia destructiva a mano que el ampliamente engañoso concepto conocido como: economía moderna
Cuando quiero mirar nuestro mundo con los dos ojos, lo que percibo son dos mundos superpuestos: uno luminoso y claro, sorprendentemente nítido; el otro impreciso y sutilmente sombrío.
Pocos son los escritores que renuncian. Jugamos a creernos inmortales. Nos equivocamos en el juicio de nuestras propias obras y en el juicio siempre impreciso de las obras de los demás. Nos vemos en el Nobel, dicen los escritores, como quien dice: nos vemos en el infierno.
Mi corazón se comportaba como las hojas del árbol de la seda, que se encogen y rehúyen cuando se las toca; tan inseguro de mí mismo como una tímida doncella.
Criticando al actual ministro de seguridad, de nombre Massei y de profesión bioquímico, Luis comentó lo inseguro que es Córboba: Y así estamos con el bioquímico, en vez de Massei, menos diez.
Las fronteras de lo improbable ya han sido cruzadas simplemente por el hecho de que el mundo existe.
La fe puede ser sucintamente definida como una creencia ilógica en que lo improbable sucederá.
La verdad es que no hay nada tan engañoso como la naturaleza humana. Juzgándola solo por su apariencia, era difícil de creer que algo tan bello pudiera ser a la vez tan cruel. (...) No puede uno fiarse de las apariencias.
Es engañoso creer que con la mayor dimensión aumenta el efecto de grandiosidad.
Pocos son los escritores que renuncian. Jugamos a creernos inmortales. Nos equivocamos en el juicio de nuestras propias obras y en el juicio siempre impreciso de las obras de los demás. Nos vemos en el Nobel, dicen los escritores, como quien dice: nos vemos en el infierno.
Cuando quiero mirar nuestro mundo con los dos ojos, lo que percibo son dos mundos superpuestos: uno luminoso y claro, sorprendentemente nítido; el otro impreciso y sutilmente sombrío.