Él no quería ir al médico. No noto nada. No me duele nada. Y entretanto los ganglios linfáticos ya tenían el tamaño de un huevo de gallina. Le metí a la fuerza en un coche y lo llevé a la clínica. Lo mandaron al oncólogo. Un médico lo examinó, llamó a otro. Mira, otro de Chernóbil. Y ya no lo dejaron marchar.
Y qué bueno hubiera sido encontrarnos algún día para entregarnos cuentas de lo andado, para mirarnos a los ojos por lo menos una vez más en la vida, y arrancarnos -¿quién sabe?- las flores que entretanto nos hubieran crecido para el otro en el propio corazón.
En España, la carrera de un creador es la imagen de alguien que está en el agua y se esfuerza por salir mientras algunos le empujan hacia abajo.
¿Cómo voy a ser feliz mientras estos guardianes de la prisión del samsara que me torturan y atormentan en los infiernos y en otros lugares permanecen en mi mente en la red del apego?
No sé, yo nunca pienso en mañana, porque ser capo no dura para siempre, alguien me matará antes de que decida retirarme, por eso no hago planes para el futuro, por eso mientras tanto disfruto mi vida, momento a momento, y disfruto hoy todo lo que hago.
El hombre cree que desempeña su papel en determinada obra y no sabe que mientras tanto han cambiado el decorado en el escenario sin que lo note y sin darse cuenta se encuentra en medio de una representación completamente distinta.