No somos gente sencilla que cree en la felicidad, ni alfeñiques que caen a tierra desolados ante el primer revés, ni escépticos que observan el esfuerzo sangriento de la marcha de la humanidad desde las alturas de una inteligencia burlesca y estéril. Creyendo en la lucha, aunque sin abrigar ninguna ilusión al respecto, estamos armados contra toda desilusión.
Rodeaos de cosas buenas, perfectas. Lo perfecto enseña a abrigar esperanzas.
Fue el Mundial de Romario. Lo dije y lo cumplí. Soy tetracampeón y el mejor del mundo. Hablo y cumplo. Dije eso para tapar la boca a muchos críticos
Sobre los pueblos de Latinoamérica caen todos los ciclones, prohibieron los frutos de la sangre joven. Pero nunca pudieron tapar la mirada, ni jugar con la voz del poeta.
Gastamos en nuestras pasiones el doble del tejido que se nos ha dado para arropar nuestra felicidad